Corteza

Corteza que pesa, 
te me enredas temblorosa entre los brazos 
y luego el alba me sorprende encadenado a tu regazo. 

Te me entierras profundo en mis poros y yo, 
que hiervo, me estremezco frente a tus ojos de piel amarrada a la dulzura, de historias atadas a mi estatura. 

Corteza de hiedra, te me adentras en el bosque de mis celos y derrepente me despojas de los miedos. 
Recorro tu dermis vegetal y descanso mis raices en tu espalda de piel amarrada a la dulzura, de historia atadas a mi locura.

Papel


El papel lo miraba fijamente. Como auscultándole toda la miseria que arrastraba hacía años ya.
El hombre miraba el papel con atención, como esperando que de su porosidad de fibra vegetal fueran a crecer pequeñas raíces que más adelante, con más lluvia que sol, se convirtieran en letras.

El silencio era mortal. Sus ojos se enrojecían sin parpadear. Ambos, sentados uno frente al otro, se nutrían de su esterilidad.

Finalmente, el hombre tecleó la letra M con sutil destreza y el papel recibió el disparo de tinta en su superficie. Se levantó de la mesa y caminó hacia la puerta.

Jamás volverían a mirarse del mismo modo.