Némesis

Hondo, inerte.
¿Dónde estabas cuando la tierra dejo de girar?
¿Dónde estabas cuando se decidió seguir?
Tú no vales nada
Tampoco tus pies
Han sido carcomidos por el tiempo,
Estropeados en el silencio vasto de tu estupidez
Se te desvanecen en la arena
Como gotas de humedad que no llegan a más allá.

Némesis, enemigo voraz,
Figura en mis sueños, fantasma en el patio de atrás.
Junto a los esqueletos y los juguetes que habitan el polvo.
Amigo estéril, sentimiento febril de pura maldad.
Tu nariz es presa del vacío, ya no hay olor que te rescate.

Némesis, andrógeno por voluntad;
¿A donde se te fue la garganta?
Tus palabras sucias,
Vociferadas sin receptor.
Tus manos están intactas, vacías.
No han tocado vida jamás.
¿A dónde fueron a parar los sueños que una vez atraparon?

Némesis, tu mentira despiadada
Es arrogante y mal infundada.
Ya no te temo, ya no te sueño.
Ya logre liberarme de la sombra detrás de mí.
No he logrado perdonar.
El veneno es demasiado profundo, letal.
Pero prefiero olvidarte.
Lapidarte en el vasto desierto de mi olvido.

Némesis, omnipresente es tu arrogancia.
Aun cuando no existes más
No te puedo dejar de respirar.
Tu pestilencia me invade cada poro,
Me asfixia, me sofoca.
Tú no eres parte de la humanidad.
Eres un accidente, una despiadada mentira.
Alguien te marco con el látigo de la desolación.
Alguien dejo el fuero marcado en tu espalda.


Némesis, eres un esclavo.
Prisionero de tu propio odio hacia los demás.
Eres falsedad, hambre, injusticia. Maldad.
Tus palabras no hacen eco,
Son articulaciones que se las lleva el viento.
Jamás podrás tener paz,
Descansar tu espalda sobre la tibia grama de primaveral.
No tendrás descanso para tus carcomidos pies.

Némesis, mi maldición es total.
Te condeno a vagar por la tierra sin destino o lugar.
Te condeno a pertenecer al “no hay nada”, a ser parte del “ya no quedan”,
a servirle al “quien da más”
Tú ya no me puedes tocar mas yo te maldigo por centurias
Y mi maldición te esparcirá por los rincones de la tierra.
Te arrastraras inmundo, hediondo.
No podrás dormir.
Los fantasmas te perseguirán y no podrás huir.
Quizá solo así encontrare absolución.
Viendo tu desvanecimiento perplejo en el horizonte de tu complejidad.

Némesis, ahora me marcho.
Frente contra el viento y mis zapatos gastados de tanto caminar.
Ahora, me quedo inerte, casi como tu, pues eres mi reflejo.
Agarro el camino borrascoso, el que casi nadie transita.
Esperando caerme, mutilarme.
Callarme fulminantemente toda esta rabia silente que me carcome la realidad.
Y es que yo no fui de piedra, pero tampoco fui de pan.
Y lo que me queda encima es el vestigio de lo que fue y de lo que pudo ser.
Ahora tomo el papel, lo doblo y lo escondo debajo de mi paladar.
Hondo, inerte.
Entonces la tierra volverá a girar.

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